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La parte más problemática en un proceso de coaching es, a menudo, la confidencialidad y la confianza. Si queremos que el proceso de coaching sea eficaz debemos saber que el coachee o cliente ha de tener plena confianza en nosotros y crear un entorno confidencial ya que en algunos casos se tratan temas muy delicados. Si no conseguimos este ambiente el cliente puede abandonar el proceso.

Para crear un entorno de confianza es necesario tener en cuenta una serie de aspectos que son de especial importancia:


– Para el coachee es importante entender qué tipo de relación existe entre él y su coach.
– No puede haber la confianza necesaria si existen dudas en cuanto a la confidencialidad sobre lo que se trata entre el cliente y su coach.
– El experto en coaching debe, en la medida de lo posible, salvaguardar la confidencialidad y objetividad de su labor.
– Hay que tener claro que el proceso de coaching tiene fines evaluativos o de desarrollo y sobre todo de respeto por el cliente.

Crear un entorno de confianza no resulta fácil a priori. Sin embargo, esto se puede conseguir a través de un diálogo fluido y abierto entre el coach y su coachee. A través del encuentro honesto y sincero, se crea el ambiente adecuado para apoyar una cultura de alto rendimiento apoyada en el feedback.

El objetivo primordial es ayudar a cada coachee para que aprenda a aprender, Y el objetivo final debe ser la transferencia de las habilidades de aprendizaje, y no la dependencia del coachee respecto de elementos externos ni del coach.

La enfoque del coaching es que la propia persona es la que provoca su propio cambio, por ello es tan importante que el proceso comience contando con la plena voluntad de cambio del coachee. La labor del coach está en comprender bien los hechos y el contexto actual antes de empezar el proceso, ofreciendo al coachee la oportunidad de encontrar un lugar seguro desde el cual empezar a dirigir su proceso de cambio y redescubrir su entorno de vida, sus propios objetivos y la manera de poder conseguirlos.

La información aportada por el coach ha de ser totalmente objetiva, aunque sea una opinión basada en su experiencia. Es el cliente y no el coach quien toma las decisiones sobre la mejor manera de elaborar su plan de acción y la forma de ponerlo en práctica.

Para que el proceso de coaching sea positivo hay que tener en cuenta una serie de intereses y derechos de cada parte.

Los derechos del coachee o cliente:

– Tener la posibilidad de elegir su coach.
– Estar informado de las credenciales, formación y experiencia del coach.
– Llegar a sus propias decisiones dentro del proceso, sin sentirse forzado por las sugerencias del coach.
– Conocer cualquier documentación proveniente del proceso de coaching, antes de iniciar el proceso.
– Salir del proceso si no está de acuerdo con aspectos relacionados con la ética del mismo.
– Recibir apoyo y ayuda en su deseo e intento de mejora y desarrollo, por parte del coach.

Los derechos del coach:

– Recibir la información necesaria por parte de coachee para realizar un proceso de coaching con éxito.
– Salir del proceso por razones éticas.
– Recibir feedback sobre la satisfacción del coachee.
– No ser utilizado para otras tareas más que para la realización de un proceso de coaching destinado a aumentar habilidades, apoyar y desarrollar al coachee.


La confidencialidad es algo muy importante para las personas y en el proceso de coaching es algo esencial para que se produzca ese espiritu de equipo entre el coachee y el coach, esa relación de iguales, y así en esas condiciones se produzcan resultados visibles de cambio en la vida del coachee.

EDU LOPEZ

 

 

 

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